Todos nosotros estamos embarcados en una aventura para conocernos a nosotros mismos, desarrollar nuestros dones y potenciales, para darnos cuenta de la capacidad que tenemos de amar y de ser amados. Esta aventura nos presenta retos y satisfacciones.
Para muchos los mayores retos se encuentran en su interior y superar estos retos trae consigo un gran crecimiento personal y un cambio en nuestro pensamiento, en nuestros sentimientos y las percepciones de nosotros mismos y del mundo.
La ciencia ha comprobado recientemente que los pensamientos, causantes de nuestras emociones, generan respuestas fisiológicas en nosotros. En otras palabras el pensamiento y las emociones tienen un efecto directo en nuestra salud.
La doctora Candace Pert maestra e investigadora en la Universidad de Georgetown en Estados Unidos mostró que todo lo que percibimos a través de nuestros sentidos es filtrado y archivado como memoria a través de las moléculas de las emociones (neuropéptidos) y sus receptores.
Esto quiere decir que nuestras experiencias y memorias permanecen guardadas a nivel energético y molecular en cada una de nuestras células. De esta manera cuando estamos expuestos a una determinada situación nuestras células reaccionan de acuerdo a las memorias almacenadas en ellas.
Esto es muy positivo cuando una situación nos ocasiona alegría y optimismo. Sin embargo, cuando se trata de situaciones que nos deprimen, enojan, irritan, etc., ya no resulta tan positivo, pues en nuestro cuerpo se genera una química determinada que con el suficiente número de repeticiones se convierte en la norma. Lo que estos estudios sugieren es que la manera de cambiar esta química que nos hace reaccionar de cierta manera, es transformar conscientemente nuestros pensamientos a cerca de la situación, de una manera positiva.
Louise Hay autora de varios libros relacionados con el tema dice incluso que cuando nos enfermamos, nuestro cuerpo nos está diciendo que algo que hemos estado haciendo en nuestra vida no está bien.
Numerosos estudios en diversas Universidades de los Estados Unidos han mostrado una y otra vez que las emociones afectan nuestra salud psicológica al mismo tiempo que a nuestra salud física. ¿Cuántas veces no lo hemos vivido en carne propia, cuando dejamos que el estrés nos pegue hasta con la cazuela ocasionando gastritis o algún otro problema digestivo? ¿Realmente te cayeron mal esos taquitos o fue el estrés o el berrinche que les pusiste encima? ¿Te sientes triste y te dejas llevar por la depre y al rato andas con un mega gripón?
La tristeza y la depresión nos bajan las defensas y pues claro, cualquier bicho que ande pululando nos lo pescamos.
En resumen, el buen manejo de nuestras emociones y la consciencia de estas y es muy importante para permanecer saludables.
El optimismo y las relaciones
Estudio tras estudio alrededor del mundo ha mostrado que aquellos que son más optimistas tienden a tener un mejor sistema inmunológico y por lo tanto a enfermarse menos que aquellos que por lo general son pesimistas. Por otra parte se habla también que aquellos con más amigos tienden a tener sistemas inmunológicos más fuertes. Algunos años atrás leí un artículo acerca del cáncer de mama y sostenía que las mujeres con cáncer de mama que tenían un grupo de soporte fuerte por lo general lograban sobrevivir. Me pareció un dato interesante pero lo tomé con escepticismo.
Pocos meses después conocí a Irene, con dos chiquitos preciosos de edades similares a los míos. Ella me platicó que se encontraba luchando contra el cáncer en ese momento. Yo ignoraba que el doctor le había dado 6 meses de vida. Nos hicimos amigas y encontramos que teníamos amistades en común. Así es que no tardamos mucho en juntarnos con ellas y poco a poco se fueron incorporando más amigas.
Pese a que éramos un grupo relativamente grande todas compartíamos un gran cariño por las demás. Siempre fue evidente la solidaridad y apoyo que procurábamos darle a Irene. Si tenía algún tratamiento fuerte no faltaba quién le llevara comida o le ofreciera cuidarle a los niños. Lo más importante es que siempre tratábamos de mantenerla positiva y claro ella también hacía su parte.
Algunos años después nos encontrábamos en una reunión y la noticia de la noche fue que estaba ya dada de alta. Nos contó que cuando el doctor le diagnosticó el cáncer y le dio seis meses de vida ella le respondió “lo siento no me puedo morir ahora, tengo dos chiquitos que no quiero abandonar.” Su fortaleza interior, su optimismo y su grupo de amigas le ayudaron a cambiar el curso de su enfermedad.
La visualización y la meditación
Un estudio reciente realizado por el Dr. Oleg Eremin en el centro Queen’s Medical de Inglaterra con pacientes que padecían cáncer demostró la capacidad que tiene la mente para regular sus defensas contra el cáncer. En su estudio se dividieron las pacientes en dos grupos. Sólo a un grupo le fue dado un CD con meditaciones guiadas. Al final del estudio los pacientes que habían escuchado el CD tenían significativamente más células T activadas, células NK y células LAK (que combaten los tumores) que el otro grupo.
El poder reparador y fortalecedor de la salud que ofrece la meditación se ha podido constatar en muchas ocasiones. Diversos científicos incluso han trabajado con el Dalai para medir sus ondas cerebrales y las repercusiones de estas en el estado de ánimo y en la salud. Por ejemplo, la Universidad de Wisconsin, Madison en un reciente estudio mostró que un programa corto de meditación produce efectos demostrables tanto en el cerebro como en el sistema inmunológico.
En nuestro interior tenemos un curandero que es capaz de obrar lo que a nuestros ojos parece magia esperando a que le invitemos a actuar en nuestra vida. Los milagros existen y llegan de muchas maneras. Ríe más, introspecciona, medita, baila, canta, haz nuevos amigos, ama, perdona pero sobretodo disfruta la vida al máximo