El ayer es historia, mañana es un misterio. El hoy es un regalo y es por eso que lo llamamos el presente.
Autor desconocido
Hace algunos años nos mudamos a Minnesota donde no conocíamos a nadie. Llegado octubre el clima nos parecía extremadamente frío y yo con un bebé recién nacido que comía cada 2 horas apenas podía salir al supermercado a comprar algunas cosas y regresar para darle de comer al bebé.
Así, me pasaba de lunes a jueves esperando el viernes para poder disfrutar el fin de semana con mi esposo. Literalmente me pasé un año contando los días para los fines de semana hasta que un día mi marido me contó de una directora que trabajaba en su misma división.
Ella, a pesar de las presiones del trabajo de cualquier proyecto o situación, siempre se mantenía en paz y alegre. Siempre tenía una sonrisa para los demás y estaba dispuesta a ayudar. Mi esposo, intrigado por su excepcional actitud, le preguntó qué es lo que la mantenía siempre tan positiva. La respuesta de ella cambió mi vida.
Ella le dijo que una situación cercana a la muerte había cambiado su visión de la vida. Que no había nada tan importante para dejar de ser feliz. Me di cuenta de lo afortunada que había sido de no tener que pasar por una situación de enfermedad o de muerte de algún ser querido para poder disfrutar cada momento de la vida.
Cuánto tiempo gastamos en la vida añorando el pasado y “los buenos tiempos”, preocupados o soñando en el futuro y así dejamos pasar un regalo muy especial: EL PRESENTE, el hoy, el aquí, el ahora.
Cuando vivimos en el pasado o en el futuro, el presente pasa desapercibido, perdemos la oportunidad de actuar en nuestra vida, de crear, de disfrutar, de progresar y seguir adelante.
No necesitamos perder a un ser querido ni tener un accidente o pasar por la enfermedad para darnos cuenta de la maravilla del hoy y recibir el regalo del presente. Todos, a pesar de las dificultades del momento, podemos encontrar muchas razones para ser felices y desatar el poder que tenemos en nuestro interior que nos libera y permite disfrutar de los pequeños detalles. De esta manera, nuestra conciencia de las cosas cambia y recuperamos la capacidad de ver el lado soleado de la vida, de ver el vaso medio lleno de ver nuestra existencia como una oportunidad de ser felices y plenos.
Así podemos darnos cuenta que es en nuestro interior donde se encuentra la verdadera felicidad, la paz, la armonía y que si permitimos que esa luz interior brille, nuestro entorno y sus circunstancias se vuelven razones para sentir gratitud.
En esta época navideña a pesar de que el tráfico aumenta, los compromisos nos mantienen ocupados y el estrés toca a nuestra puerta, hay que mantener nuestro espíritu de fiesta y celebrar. Celebrar que estamos vivos y apreciar todas y cada una de las bendiciones de nuestra vida sin dejar pasar desapercibidos los milagros que se manifiestan y las oportunidades que se presentan cada día.
Feliz Navidad y que la celebración de la vida permanezca por siempre. Ah, y no te olvides de estrenar tu regalo: el presente.
Gertrud Luer es una autora, y conferencista internacional
www.GertrudLuer.com