El poeta místico del siglo XIII Yalal al-Din Rumi relata en un poema que un día el profeta Mahoma se quitó las botas para lavarse. Al terminar sus abluciones y antes de que pudiera ponerse las botas, un águila pasó y se llevó al vuelo una de ellas.
Decepcionado, Mahoma comenzó a lamentar su suerte, cuando de repente vio que de la bota que se había llevado el águila caía por los aires una serpiente venenosa. Al advertir que sin duda la serpiente le habría picado el pie si se hubiera puesto la bota, Mahoma agradeció al águila su gesto de bondad. Rumi resume de una manera muy bella la idea de que hay acontecimientos en nuestras vidas que aparentan ser desfavorables pero al tiempo revelan su carácter benéfico.
Muchas veces lo que percibimos como una desgracia es en realidad una gracia, una oportunidad que nos brinda la Vida, algo que yo suelo llamar, un poco de forma cómica, “un regalo envuelto en papel periódico’’. Las blessings in disguise (“bendiciones disfrazadas’’) del idioma inglés y nuestros conocidos “No hay mal que por bien no venga’’ y “Las cosas pasan por algo” son muestras de que en la sabiduría popular se refleja lo que todos intuimos o sabemos por experiencia propia: que en general las cosas que parecen malas resultan ser muy buenas para nosotros, tanto en el plano físico y material, como en nuestro aprendizaje para ser mejores personas.
Ponte a pensar en tu historia personal y seguramente encontrarás por lo menos una ocasión en que una experiencia aparentemente negativa te ha llevado a realizar cosas muy positivas. Por ejemplo, tal vez te despidieron de tu trabajo y te parecía que tu mundo se venía abajo. Seguramente te preocupaste por el bienestar de tu familia, te abrumaste con la incertidumbre, te sentiste despojado de tu identidad.
Pero tal vez tú no habías tenido el valor de renunciar a un trabajo que en realidad te tenía estancado e insatisfecho y que tolerabas por razones de seguridad económica y social. Un despido, aunque no niego que pueda ser muy desmoralizante en su momento, puede ser el “empujoncito’’ que necesitas para encontrar una ocupación que realmente te inspire y te satisfaga personalmente. O tal vez simplemente estarás disponible para que te llegue una oportunidad mejor en el plano material: un mejor sueldo, mejores prestaciones, más tiempo libre para dedicarte a ti mismo y a los tuyos...
Las dificultades nos obligan a reevaluar nuestra situación para adecuarla mejor a nuestras necesidades materiales, espirituales y emocionales, y a realizar los cambios necesarios para llevar una vida más plena. Las adversidades siempre traen consigo algo positivo, dándonos la oportunidad de crecer y fortalecernos como seres humanos.
Una amiga mía sufrió repetidas amenazas de secuestro y se vio obligada a salir de su país con su esposo y tres hijos jóvenes. Hace poco la encontré, después de muchos años. Se veía contenta. Charlando me confesó que aunque dejó atrás muchas comodidades, entre ellas una casa grande y ayuda doméstica, nunca había disfrutado tanto de su familia. Me confió que anteriormente no conocía bien a sus hijos por estar siempre ocupada con otras obligaciones y que ahora no necesitaba que la empleada doméstica le dijera que “mi hija prefiere el yogurt sabor mango y mi hijo está decaído desde hace algunos días; lo sé yo de primera mano”.
Te invito a que, por difícil que parezca en el momento, intentes recibir una dificultad de la vida con gratitud. Seguramente esconde un gran regalo o una fantástica oportunidad para que aprendas, crezcas y mejores como persona. Así que tira el “des” a la basura y convierte las des-gracias en Gracias.
Positivamente, toma acción hacia lo que quieres lograr y sobretodo se feliz.
Daniela Garaiz ha vivido experiencias enriquecedoras que transmite a través de artículos, poemas y otras publicaciones.
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