Es muy probable que, en un mundo globalizado como en el que vivimos hoy, más de una persona que lea estas líneas, se haya sentido agobiada en un momento u otro con los problemas y situaciones cotidianas que “no se pueden resolver”, luchando aparentemente contra un mundo demasiado grande, a veces incontrolable e influido por la duda y la incertidumbre. Tal pareciera que la gran magnitud de situaciones provenientes de los eventos económicos, informativos, sociales, laborales, de pareja y políticos de nuestro alrededor nos sobrepasaran a menudo y rigieran nuestro destino, sin permitirnos si quiera opinar sobre el mismo.
Cuando una persona está demasiado preocupada y concentrada en sus problemas es muy común que no le dé cabida a nada más en su mundo. Enfoca su ser, su energía y su raciocinio en un problema o situación desagradable, en los sentimientos que esta le genera, en como soportarla de manera perene y en cómo sortear las carencias que conlleva, quedando así sin “poder” o con recursos nulos de voluntad y creatividad para trabajar la resolución real del problema.
Por ejemplo, persona que “no gana el suficiente dinero” y se puede sentir deprimida, poco realizada, menospreciada, “condenada” a vivir indefinidamente o por lo menos “hasta que la situación económica del país mejore” una vida de carencias y sintiéndose poco merecedora de las cosas que desea. Sin emargo, sin darse cuenta está quitándose la posibilidad real de alcanzar sus sueños.
Declaraciones negativas como “no la hago”, “no hay salida a esto”, “creo que no me queda otra que vivir así”... consume una porción considerable de la “energía” o de los recursos que la persona tiene a su disposición para resolver los retos de la vida. Las declaraciones negativas forman parte de un auto-boicot para solucionar el mismo problema que le genera todos los malestares y evita su realización personal.
Hay que tener en cuenta que cuando nos dejamos envolver por una situación o reto, lo convertimos en un “problema” y no empleamos nuestros recursos de manera eficiente para resolverlo. Así drenamos poco a poco la capacidad que tenemos para sobrepasarlo arraigándolo en nuestra vida indefinidamente. Es decir, si convertimos en problemas los acontecimientos que no deseamos o no tenemos planeados, los volvemos “un hecho” y les permitimos consumir nuestra energía. Esto nos impide sobrepasar la situación que nosotros mismos creamos, nutrimos y le dimos cabida en nuestra vida.
Con esto no quiero afirmar que los problemas o situaciones a los que nos enfrentamos en el día a día puedan carecer de dificultad o importancia. Sin embargo, si no se tiene cuidado, los sentimientos generados por éstos nos pueden meter más y más en una inercia con tendencia negativa, “sumiéndonos” de manera cíclica y repetitiva en los mismos problemas.
Hay que ver que la forma de enfrentar los problemas puede ser la misma causa de que éstos no se resuelvan en su totalidad o de que continuamente regresen en versiones nuevas o recargadas de los mismos. En otras palabras, la gente que está “sumida” en sus problemas creará más problemas.
Para cambiar esto, debemos empezar analizando la imagen que tenemos de nosotros mismos y de nuestro entorno. A mí me gusta pensar que la forma en la que te concibes, es la principal causa de cómo te va.
Si yo me concibo como alguien que tiene la capacidad de hacer lo que se propone y de alcanzar las cosas que desea en su vida, enfocándome en “a dónde quiero llegar” estaré empleando todo mi ser, mi energía y mis recursos en cómo llegar allí. Si esto a su vez genera sentimientos positivos y relacionados en el “cómo me estoy acercando a mi objetivo”, en lo bien que me siento por acercarme, en lo bien que me sentiré cuando logre lo que quiero y en como “el problema” se transformará una vez que llegue a mi meta, mi energía y mis recursos estarán siendo usados para mi propio beneficio.
Dicho de otra forma, si mi energía está enfocada en tener la voluntad de querer algo y moverme hacia ello, en poner el empeño necesario para lograrlo y en mantener una sólida determinación para no desviarme de mi objetivo anhelado; mi energía y mis recursos estarán siendo óptimamente empleados para mi propio beneficio. A mí me gusta que ver a la voluntad, al empeño y la determinación como esas pequeñas pesas que sirven para inclinar, poco a poco, la balanza de nuestra vida a nuestro favor y así lograr las cosas que deseamos.
Comencemos pues a crear desde nuestro pensamiento, nuestra pasión y nuestra actitud las cosas que queremos, enfocando todo nuestro ser y nuestra energía en conseguirlas. No nos conformemos con menos. G.D,AAyA.++
Tweeter: @carlosluer
Blogger: http://www.c-luer.blogspot.com/